Foto tomada de aquí
El pasado 19 de abril fue la premiere de Tarquin, de
Krenek en la Staatsoper de Berlín. Es una ópera pequeña, diríamos, de cámara:
para seis músicos y cinco cantantes. El libreto, aunque intenta ser satírico
con la figura de un dictador en apariencia similar a Hitler, pero con una
complicada vida interior, se queda en un texto insulso y a la altura de los
peores libretos de la historia de la ópera. La historia va así: Marius, Corinna
y Cleon son compañeros de college. Marius
y Cleon están enamorados de Corinna, quien parece preferir a Marius. Éste , un
chico ambicioso y autoexigente, aspira a conseguir las mejores calificaciones.
Pero no es así: las obtiene Cleon. Eso le hace desquiciar y autoprometerse
llegar a ser el número uno. Esta frustración personal le lleva a convertirse en
dictador, Tarquin.
Mientras, Cleon y Corinna desconocen que Marius es Tarquin, y tienen una radio
clandestina de resistencia. La policía descubre la radio y así se produce el
encuentro entre los tres antiguos compañeros. Corinna le hace recordar el tipo
de chico que era Tarquin antes, y hace aflorar a Marius y, con él, el amor
adolescente por ella. Cuando todo parece que va a terminar en una bonita
historia de amor, el capo de la policía estatal mata a Corinna y Marius queda
destrozado por su muerte. Poco después, fallece él también. En fin, todo esto
se adereza con catolicismo rancio y espiritualidad religiosa. Según J. Stewart, ""It would be charitable to suppose that Krenek was not
yet sufficiently acquainted with English to appreciate the awfulness of such
lines". Pero, a veces, con un mal
texto se puede hacer una gran escenografía. Al fin y al cabo, la música tiene
muchos momentos muy rescatables e interesantes. La puesta en escena, a cargo de Mascha Pörzgen, consistía en una especie de laboratorio,
donde la historia del libreto se mezclaba con la idea de que estábamos viendo
algo explícitamente irreal, como si el público (que íbamos vestidos con la
semibata verde típica de los hospitales, que se repartían a la entrada) tuviese
que apreciar poco más que un experimento. No sé si eso habla a favor o en
contra de Krenek (es decir, puede subyacer la idea de entender su pieza como
experimento y no como algo terminado) pero, desde luego, fue un flaco favor
para Pörzgen. Esa idea del laboratorio no llegó a entenderse, se integró más
bien mal con el contenido de la historia.
La interpretación
instrumental fue más que correcta: hubo momentos muy buenos. Lo cierto es que
con tan pocos instrumentos es difícil crear grandes construcciones, sin embargo
se consiguió, sobre todo, mantener siempre una tensión que no estoy segura que
la propia partitura desprenda fácilmente. Lo más flojo fue el clarinete, cuya
presencia se vio muy eclipsada por el resto.
Sobre los cantantes: es una
pieza exigente. Salvo Corinna y Marius, todos los demás tienen que asumir
varios roles. Esto, vocalmente, en una pieza tan corta y en el espacio del Werksatt de la Staatsoper, es todo un
reto. Sobre todo porque no hay exactamente un backstage. Es decir, los cambios de atrezzo y de caracterización se incluían dentro del propio
discurrir de la historia. Me pareció un acierto, daba que pensar sobre el
dentro y el afuera de la puesta en escena.
Sonia Grané, como Corinna, demostró
tener una gran voz y de un timbre muy bonito, en el mejor sentido de la palabra
de bonito, pero teatralmente tiene mucho que pulir. Muy forzada y excesivamente
dramática, tuvo problemas con la naturalidad de sus movimientos. Maximilian
Krummen, como Marius/Tarquin, fue quizá uno de los mejores de la noche. Quizá
gestualmente un poco exagerado, pero sus exageraciones no desentonaban en
exceso con el manierismo de su personaje, un megalómano que va a menos. A
Stephen Chambers le faltó un poco de adaptación vocal a lo que estaba cantando,
aunque en general estuvo a la altura. Grigory Shkarupa fue un divertido y excelente Tonio, no tan
brillante Arzobispo. Jonathan Winell dejó en evidencia los problemas de
pronunciación del resto con una excelente dicción del texto narrado. Fue
convincente y vocalmente muy potente. Quizá el mejor de los secundarios, que en
muchos momentos sobresalía como un protagonista más. A día de hoy no entiendo el papel de Annika Schlicht como técnico de laboratorio. Su función
consistía en explicar al público qué pasaba en la historia, como si no fuese ya suficientemente evidente.
Me pareció algo absurdo, innecesario y falto de consideración para con la
inteligencia de los asistentes. Eso sí, vocalmente demostró tener una gran
potencia y una capacidad dramática que, por desgracia, no pudo explotar
demasiado. La hubiese preferido a ella como Corinna.
FICHA TÉCNICA
Dirección musical
escenografía
DECORADOS
VESTUARIO
Isabel Theißen
MARIUS | TARQUIN
CORINNA
CLEON | OFICIAL
aRZOBISPO | TONIO
CANCILLER | BRUNO
TÉCNICO DE LABORATORIO | PERIODISTA
Por Marina Hervás
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