22 de marzo de 2015

El disfraz del éxito. Comentario de la película Nightcrawler





Título original: Nightcrawler
Año: 2014
Duración: 113 min.
País : Estados Unidos
Director : Dan Gilroy
Guión: Dan Gilroy
Música: James Newton Howard
Fotografía: Robert Elswit
Reparto:Jake Gyllenhaal, Rene Russo, Riz Ahmed, Bill Paxton, Kevin Rahm, Ann Cusack,Eric Lange, Anne McDaniels, Kathleen York, Michael Hyatt
Productora: Open Road Films / Bold Films

Louis Bloom es un excelente observador,  frío calculador, en ocasiones desconcertante, pero por encima y a pesar de todas las cosas, es un superviviente extremo. En los primeros momentos de la película se nos hace partícipes de sus métodos: agresión improvisada con una dosis de verborrea bien construida. El pilar sobre el que se construye y apoya la trama es, sin duda alguna, la intrigante figura del protagonista. Jake Gyllenhaal, en el papel de Louis Bloom actúa mostrando un carácter ingenuo y despreocupado, pero nada más lejos de la realidad. Debajo de esa fachada se encuentra un depredador frío y calculador que utilizará todo aquello que sea necesario para conseguir sus ambiciones, en este caso, una amable presentación inicial edulcorada con un discurso bien preparado. Se defiende con un puñado de palabras inteligentemente escogidas, sumamente formales, exponiendo sus puntos de vista y necesidades como si de un folleto publicitario se tratara. Un discurso enlatado que en primera instancia, consigue atrapar la atención (nuestra atención) y a veces confundirnos en este hábil e ingenioso discurso.

Sin duda, todos nos creemos que sabe de lo que habla, y sobre todo, el cree firmemente en la efectividad de sus estrategias.  La sorpresa viene al descubrir que toda esa aparente profesionalidad no es más que una máscara, un cúmulo de conocimientos que de una manera concienzuda ha recabado en una búsqueda exhaustiva por internet. Un corta y pega de información relevante sacadas de aquí y de allá creando el puzzle de rotundidad que luego utiliza como fachada ante el mundo. Todo en él es un fraude, la figura que ha construido de sí mismo es un fraude, una cáscara vacía, su amable presentación, sus gestos calculados,  los conocimientos de los que alardea. Lo único que es real en el (sumamente real) es una extrema ambición de conseguir el reconocimiento que cree que merece, a costa de lo que sea y quien sea. Y bueno, no hay nada más inhumano que el narcisismo exagerado, excepto cuando este narcisista es además un agresor y criminal en potencia.

Lo curioso es que, lejos de sentir odio por él, el espectador acaba desarrollando una cierta simpatía por este personaje. En ocasiones es divertido ver como elabora estos discursos para intentar confundir, engañar y  manipular a todos aquellos que forman parte (interfieren) de su camino. Podríamos decir que uno de los grandes méritos de esta película es conseguir que su protagonista consiga transmitirnos precisamente esto, una paleta muy diversa de emociones: admiración, sorpresa, frialdad, desconcierto, simpatía y muchas veces, extrema tensión. Nunca sabes cuál será su siguiente carta a jugar, y eso es lo que nos mantiene todo el tiempo enganchados y además, en suspense.  

A pesar de estos inteligentes mecanismos de supervivencia, Louis Bloom está solo, muy solo. (Con la única compañía de una pequeña planta de interior en su diminuto apartamento,  la única cosa sobre la que curiosamente parece sentir algún tipo de afecto). Una interesante consecuencia de este talento desarrollado para sobrevivir y obtener éxito, es que en este caso, como en muchos otros, el vencedor está solo. Lejos de hurgar en las raíces y en los posibles males de una sociedad aislada y sumamente individualista, Nightcrawler nos habla de aquellos comportamientos que favorecen y se encargan de fomentar este tipo de existencia alienada. El héroe de esta historia es claramente un antihéroe en todo lo que representa, desde sus frases sacadas de contexto explicadas con una racionalidad inhumana hasta sus comentarios manipuladores empuñados con una afilada frialdad. Pero lo más controvertido de esta figura es que tristemente, refleja a la perfección un tipo de perfil que la sociedad actual se encarga de favorecer concienzudamente, el hombre producto. Gestos calculados, palabras adecuadas, elegante discurso reflexivo como explicación a su conducta, y ostentosas palabras formales, arrastrando por delante lo que haga falta. Discursos enlatados, personas vacías. El perfecto disfraz del éxito.

Lo más interesante  y alarmante de todo esto es que, de alguna extraña manera nos gusta verlo triunfar, porque los manipuladores, en el fondo, nos atrapan. Sería incierto decir que no sentimos una especie de admiración por estos escaladores sociales, inteligentes, observadores, y sobre todo, exitosos. A veces   pasando por alto, ingenua o conscientemente, los métodos que utilizan. En este caso, nuestro protagonista se sale un poco de este tipo de personajes cliché, del estilo “George Clooney in the dark side”. Louis Bloom no es carismático ni extremadamente habilidoso, pero por esto mismo, es fácil cogerle cariño cuando poco a poco, obtiene victoria.

Y es que esta película actúa como un preciado termómetro del punto en que se encuentra actualmente la sociedad. Con un privilegiado acceso casi ilimitado e instantáneo a la red, nos vemos día a día arrastrando a la vez todas sus consecuencias. Se nos habla de los peligros del uso de la información sacada de contexto. Son millones los datos a los que podemos acceder haciendo unos sencillos clicks, que al final acaban compartimentados y usados muy lejos de la realidad donde se inicialmente se aplican. Aspecto que favorece absolutamente el hecho de que cada uno lo utilice solo en su propio beneficio.  El mismo Louis Bloom lo dice en una ocasión... todo se puede encontrar en internet. Esto es exactamente lo que ocurre con la charlatanería de Louis Bloom, él se pasa todo el día, delante de su ordenador.

Incluso nosotros, como espectadores pasivos de la pantalla, nos vemos en ocasiones enredados en sus razonamientos de robot, sintiéndonos igual de confusos que los interlocutores a los que se dirige. Es fácil identificar algunas de las técnicas de negociación y habilidades sociales que utiliza, pero obviamente, fuera de la filosofía que encarnan estas técnicas, más cerca de aspectos como la mejora de la comunicación y el entendimiento mutuo. Como vemos, una vez más, lo importante es el uso personal que le damos a las herramientas. Y Lou sabe utilizarlas de manera brillante.


¿Estamos las personas preparadas para desenmascarar a un mentiroso y manipulador patológico? Interesante pregunta. ¿Estamos preparados para hacer frente a un acoso oculto y disfrazado de amables palabras? Vivimos en una sociedad que potencia todo este tipo de técnicas como manera de adelantar en la escalada hacia el éxito, pero no estamos preparados para protegernos contra ellas. Quizá, solo quizá, deberíamos plantearnos cuál es, o de qué se trata, esa cima que tan intensamente codiciamos.

Milagros Palomo 

21 de marzo de 2015

Ciclo Arvo Pärt en Barcelona (III): El éxtasis de la voz y el órgano

Para finalizar el ciclo el coro de la Radio de Letonia cedió el protagonismo a distintas formaciones corales del Palau de la Música, que brindaban así su propio homenaje a Arvo Pärt. Después de dos conciertos seguidos con uno de los mejores coros del mundo, programar un concierto con las fuerzas del Palau podría parecer cruel, puesto que el listón resulta simplemente inalcanzable. A pesar de eso, las formaciones dirigidas por Josep Vila, Pere Lluís Biosca y Glòria Coma no se amedrentaron y ofrecieron un concierto de gran nivel.

El programa proponía un amplio repaso a la trayectoria de Pärt, desde los inicios de su etapa tintinnabular hasta composiciones relativamente recientes. A diferencia de los otros dos conciertos, en este los coros compartieron protagonismo con el órgano, que con sus dos intervenciones en solitario ofreció una pequeña muestra de la obra instrumental de Pärt, concretamente Pari Intervallo y Trivium. Escritas ambas en 1976 y por lo tanto inmediatamente posteriores a su conversión estética, representan la técnica tintinnabular en su esencia. Mercè Sanchis interpretó estás dos obras con la misma elegancia y precisión con las que acompañó a las formaciones corales en el resto de piezas con órgano.

El Cor de Cambra del Palau de la Música, la formación profesional creada por el Orfeó en 1990 y dirigida por Josep Vila, interpretó de nuevo Nunc dimittis en una versión a cappella, de gran calidad pero inferior a la escuchada justo dos días antes. A pesar de la precisa afinación y la cohesión que mostraron las voces, su control dinámico queda lejos del de los prodigiosos letones. Mejor resultó la siguiente pieza, Littlemore Tractus, sin posibilidad de comparaciones directas con los anteriores conciertos. El Cor de Noies de l'Orfeó Català, dirigido por Pere Lluís Biosca mostró también un gran nivel, con un timbre muy homogéneo y un buen control de las voces, salvo en el registro más agudo de las sopranos, donde se apreciaba una mayor tensión. Suyas fueron las intervenciones en Zwei Beter y Peace upon you. El Cor Infantil de l'Orfeó Català, dirigido por Glòria Coma, se sumó al homenaje con dos cortas y simpáticas piezas de juventud compuestas a finales de los años cincuenta: Mina olen juba suur (Ya soy mayor) y Nukul pole nime (la muñeca no tiene nombre). A pesar de su sencillez, estas dos piezas tenían el interés añadido de ser la única incursión pre-tintinnabular al catálogo de Pärt. El coro infantil cumplió muy bien su breve cometido mostrando además una buena dicción del estonio. El icónico Orfeó Català, dirigido también por Josep Vila, se reservó para el final del programa con un emotivo Salve Regina acompañado por el órgano. De nuevo la calidad del conjunto y la buena preparación de la obra se hizo patente.

Como colofón del concierto y del ciclo, las tres formaciones – Orfeó, Cor de Noies y Cor de Cambra- interpretaron Da pacem Domine. Josep Vila dirigió al numeroso conjunto que se distribuyó en fila por toda la nave de la basílica envolviendo al público dentro de un enorme rectángulo. Las distintas voces estaban repartidas uniformemente, de modo que cada espectador recibiera el sonido de forma equilibrada. El efecto de tal distribución fue esplendido y, unido a la delicada interpretación de la emotiva obra, arrancó fuertes aplausos del público, lo que motivo la repetición de la pieza entera. Un perfecto final para un ciclo muy especial que ha sido todo un éxito. Hay que felicitar al Palau por la gran calidad musical lograda, y también al público por su excelente respuesta, llenando los tres conciertos en un fin de semana con abundantes e interesantísimas ofertas musicales en la ciudad. 
por Elio Ronco

20 de marzo de 2015

Ciclo Arvo Pärt en Barcelona (II): La Pasión según San Juan

El segundo de los conciertos programados giró alrededor de una de las grandes obras del compositor estonio: la Pasión según San Juan. Esta obra, de más de una hora de duración, fue precedida por tres piezas notablemente más cortas. La primera de ellas, Solfeggio, del propio Pärt, es una obra previa a su periodo tintinnabular que, sin embargo, presagia algunas de las características de esta técnica: la simplicidad extrema del material usado y el protagonismo de las escalas. Solfeggio, como su nombre indica, se basa en solfear la escala de do mayor, con la particularidad de que cada nota se alarga hasta que la siguiente ha empezado, de modo que, salvo la primera y la última, cada nota se oye unicamente solapada con sus vecinas inmediatas. Por supuesto, el excelente Coro de la Radio Letona no tuvo ningún problema con las disonancias creadas por estas superposiciones encadenadas,
La obra del letón Peteris Vasks, otro gran atractivo del programa, resultó chocante por la particular interacción entre coro y órgano. La cuestionable elección del registro que hizo la organista restó protagonismo al coro por su volumen excesivo y el timbre ingrato, lo que se tradujo en una versión que no hizo justicia a la obra: más que dos voces que se complementan parecían dos voces que se ignoran. Por su parte, Bernat Vivancos volvió a sorprender gratamente con la estrena mundial de Lasciatemi morire, bellísima obra que, sin embargo, no logró el impacto de Le cri des Bergers o O virgo splendens interpretadas el día anterior.


La Pasión

Como pasa con tantas obras de Pärt, la sencillez del material musical que utiliza en la Pasión esconde una estructura de gran complejidad. La combinación de voces e instrumentos sigue criterios formales definidos por el compositor, sin relación alguna con el contenido o la estructura del texto. En cambio la música está esencialmente dictada por el texto a partir de una serie de reglas que Pärt establece. Cada personaje -Jesús, Pilatos, el pueblo y el evangelista- tiene asociada una triada para la voz tintinnabular y una nota central alrededor de la cual girará la melodía. A cada sílaba le corresponde una nota y cada palabra empieza o acaba en la nota central, por lo que la longitud de la palabra determina cuanto se alejará de ella la melodía. La duración de las notas es homogénea, con valores más largos para puntuar los principios y finales de frase, así como las frases interrogativas. Este sistema produce una melodía repetitiva pero siempre distinta, casi hipnótica, similar a la de los cantos de la liturgia ortodoxa. La estrecha relación con la prosodia del texto centra la atención del oyente en su contenido, a la vez que lo sumerge, por ese efecto hipnótico, en un estado espiritualmente receptivo. La técnica tiene sus peligros, puesto que esa misma repetición incesante puede motivar una desconexión total de la obra, según el estado de receptividad del oyente.


La versión ofrecida por el Coro de la Radio Letona fue de absoluta referencia. El coro perdió parte del protagonismo, pero solo a nivel colectivo, ya que los excelentes solistas eran miembros de la propia formación, lo que permitió confirmar la gran calidad individual de sus componentes. Situados a ambos lados del órgano, el barítono Richards Millers y el tenor Janis Kursevs intervinieron como Jesús y Pilatos respectivamente. Agathe Burkina, Liga Paegle, Karlis Rutentals y Gundars Dzilums (soprano, contralto, tenor y bajo respectivamente) fueron los encargados de dar voz al evangelista. Les acompañaban Ilze Reine al órgano y el cuarteto de la Orquesta Sinfónica Liepaja: Ilze Zarina (violín), Eriks Kirsfelds (cello), Martins Zalia (oboè) y Zens Artis (fagot).


por Elio Ronco

19 de marzo de 2015

Ciclo Arvo Pärt en Barcelona (I): Pärt + Vivancos = un diálogo

De izquierda a derecha: Bernat Vivancos, Sigvards Kļava, Arvo Pärt y Jordi Savall.



Por ciudades con una actividad musical abundante, como es el caso de Barcelona, suelen pasar grandes nombres durante la temporada: orquestas internacionales, directores y solistas de referencia, grandes cantantes... Son estos nombres, y no los de las obras y sus autores, los que suelen ocupar carteles, programas, artículos, anuncios e incluso las crónicas periodísticas posteriores. El homenaje que el Palau de la Música ha rendido a Arvo Pärt -en forma de tres conciertos y una conferencia previa- no solo ha aportado prestigio a la temporada musical de la ciudad, también ha logrado revertir esta situación y centrar la atención por unos días en el compositor y su obra.


Los conciertos tuvieron lugar fuera de la célebre sala modernista, en la basílica de Santa Maria del Pi, situada en el corazón del barrio gótico. Lo cierto es que ningún escenario podría ser tan adecuado para homenajear a Pärt, para quien la espiritualidad lo permea todo, incluso su música («Religión y vida – es todo lo mismo»). Al margen del carácter religioso de la mayoría de sus textos, la característica sonoridad de su música -esa incesante búsqueda de la unidad de los sonidos a partir de dos voces que deben considerarse una- está íntimamente enlazada con la concepción que tiene el propio Pärt del espíritu humano, cuyo dualismo (cielo/tierra, cuerpo/espíritu...) está simbolizado en la relación entre las voces melódicas y tintinnabulares. El propio nombre tintinnabuli, que hace referencia al sonido de campanas, indica una conexión clara con el papel de la música en la liturgia ortodoxa, fe que abrazó Pärt en los años setenta, justo durante la germinación de su nueva estética. En ella las campanas son el único instrumento utilizado y juegan un papel de icono auditivo, representando la expresión de júbilo y triunfo de la Iglesia de Dios. Por ese motivo las interrupciones de las campanas de la basílica durante el concierto fueron perdonables.

El escenario escogido también debió complacer a los interpretes de los primeros dos conciertos, el excepcional Coro de la Radio de Letonia. Bajo el mando de su director artístico Sigvards Kļava esta formación ha logrado unas cotas de excelencia increíbles, situándose como uno de los mejores coros de cámara del mundo. Según se puede leer en su propia página web,

'...[el coro] puede ser descrito como un laboratorio del sonido – los cantantes exploran sus habilidades tanto a través de los misterios del canto tradicional como del arte de los cuartos de tono, los sobre-tonos y otras técnicas de emisión. El coro ha establecido un nuevo paradigma de las posibilidades de la voz humana'

Si a alguien le parece exagerada tal descripción, deberá asistir a alguna de sus actuaciones: quedará atónito ante su dominio, no solo de la voz, también del espacio. En efecto, el coro es capaz de aprovechar la complicada -y, para la mayoría de formaciones, perjudicial- acústica de las iglesias con el fin de manipular el sonido y crear efectos casi sobrenaturales: desde la des localización del sonido hasta efectos resonantes que hacen perfectamente audibles los armónicos de las distintas voces. Pero por encima de todo, la mas espectacular del coro es la capacidad de cantar como una sola voz. No se trata solo de un equilibrio perfecto entre voces, de la ausencia de vibrato o de una afinación impecable... se trata de cantar como si detrás de esa voz hubiera una sola alma... ¡y qué alma! Éste sonido ideal al que todos los coros aspiran y que el Latvian realmente consigue es la plasmación sonora de la unidad que busca Pärt en sus obras: «lo complejo y polifacético solo me confunde. Debo buscar la unidad.»

El Coro de la Radio de Letonia dirigido por Sigvards Kļava en la Basílica de Santa Maria del Pi.

El programa de este primer concierto incluyó cuatro piezas de Pärt y tres del compositor catalán Bernat Vivancos. La inclusión de este último en el programa responde a dos motivos. Por un lado el Coro de la Radio Letona interpreta a menudo su obra e incluso han grabado un disco monográfico con obras suyas. Pero más importante es la vinculación estética que existe entre ambos compositores, quienes intentan llegar a sus objetivos por los mismos medios: un lenguaje que busca la pureza del sonido a partir de materiales simples y que no renuncia a la tonalidad. Sin adoptar la técnica de los tintinnabuli que caracteriza a la obra madura de Pärt, las obras de Vivancos muestran una compleja estructura a base de combinar elementos muy simples, igual que sucede en las obras del estonio. De esta confrontación de dos técnicas distintas construidas sobre cimientos estéticos comunes surge el diálogo al que hacia referencia el título del concierto. Pero Vivancos es mucho más que el epígono de Pärt. Su estilo es mucho mas amplio y original, y sus técnicas mucho más variadas, como mostraron las tres obras que pudimos escuchar. De ellas, la última, Aeternam (2012) es la más tradicional, y más cercana a Pärt por su calma y textura homofónica. Mucho más impactantes fueron las otras dos. La primera de ellas, Le cri des bergers, podría considerarse un genial estudio sobre el eco. Con estas palabras define la obra su compositor:

«Le cri des bergers» es un canto de soledad. Es también un grito de angustia, de sufrimiento, de incertidumbre, es, en el fondo, un canto perdido que resuena en nuestro interior. Si sabemos escuchar los «ecos del silencio» de esta soledad, de esa angustia, de este sufrimiento e incertidumbre, de este canto perdido... podremos transformar el silencio en magia, la magia en sonido, y el sonido en belleza. Será entonces, cuando, misteriosamente, la soledad encuentra compañero; la angustia se convierte en paz, el sufrimiento, alegría. Es entonces cuando este canto perdido es correspondido con la misma fuerza.

Partiendo de la solitaria llamada de un pastor, consistente en un intervalo descendente de tercera menor, Vivancos teje con el resto de miembros del coro un entramado de sonidos que va del simple eco inicial a un zumbido inquietante que, poco a poco, se va relajando para dar paso a un paisaje mas sereno. Pero la pericia de Vivancos va mucho mas allá de crear complejas texturas que juegan con el concepto de eco. Las cuidadas armonias están diseñadas para producir sonidos sorprendentes, fruto de la interferencia entre los armónicos de las distintas voces, sin duda potenciado por la reverberación de la iglesia (¿cuantos coros en el mundo serían capaces de producir tales efectos con la perfección que consigue el Latvian Radio Choir ?). Este rasgo es todavía más acusado en la siguiente obra, O Virgo Splendens, cuya interpretación supuso su estreno nacional. Si Le cri des bergers es una obra magnífica que logró focalizar la atención del espectador hacia el compositor local, con O Virgo Splendens Vivancos firma una obra maestra que lo sitúa al nivel de su ilustre compañero de cartel y, a priori, protagonista del evento. Porque, en efecto, esta obra eclipsó al resto y, situada justo en el medio del programa, rompió totalmente el dialogo entre los dos compositores, otorgando a Vivancos una voz preeminente. No se trata de comparar la calidad de ambos compositores, puesto que cada uno busca y ofrece cosas distintas, pero ni el célebre Magnificat ni el emotivo Da pacem Domine de Pärt lograron compensar el impacto producido por el estreno de Vivancos. Lo que debía ser un homenaje al maestro acabo siendo el triunfo del alumno, lo cual no deja de ser en cierto modo un homenaje a quien abrió el camino en primer lugar.


Volviendo a Pärt, sus obras seleccionadas para este concierto iban del 1989 al 2004, barriendo una amplia franja de años y mostrando la inquebrantable fidelidad del compositor a su estilo y a la vez la fecundidad de una técnica que a priori podría ser tildada de artificial y demasiado estricta. Empezando con Triodion (1998), el Coro de la Radio Letona sorprendió al público con su capacidad de cantar con un volumen de sonido casi imperceptible sin perder ni la calidad tímbrica ni la proyección. Una de las características de esta pieza -común a toda la obra de Pärt aunque normalmente de forma más implícita- es la importancia del silencio como elemento musical. Al final de cada oda el título es repetido varias veces con pausas entre repeticiones y entre palabras. Estas pausas tienen que entenderse como parte de la música, y Kļava las integró con total fluidez, consiguiendo que las transiciones sonido-silencio fueran lo más orgánicas posible. La siguiente obra fue el Magnificat, una de las composiciones más conocidas de Pärt y en la que usa la tintinnabulación con gran sofisticación. La obra está construida a base de una serie de alternancias entre una textura a dos voces (verso, una de las voces consistente siempre en la misma nota cantada por una soprano) y otra a tres (tutti). Mientras que la primera presenta una mayor libertad, esta última sigue a la perfección la técnica de Pärt: una voz melódica que se mueve alrededor de una nota central y cuyo movimiento depende, en parte, de la longitud de cada palabra cantada, más dos voces tintinnabulares, formadas por las dos notas del acorde de fa menor inmediatamente por encima de la nota de la melodía. Para finalizar el concierto se interpretó la obra más reciente de Pärt de las que figuraban en el programa: Da pacem Domine. Se trata de un encargo de 2004 de su amigo Jordi Savall -quien, por cierto, también asistió al concierto- que el compositor empezó a escribir dos dies después de los atentados del 11-M en Madrid como su personal tributo a las víctimas. La obra se interpreta cada año para recordar tan terrible acontecimiento y dispone de múltiples versiones para distintas formaciones. De nuevo está escrita en estilo tintinnabular pero con mayor libertad que en el caso de las otras obras.

Al finalizar el concierto ambos compositores se levantaron para recibir los aplausos del público. Ésta breve salutación de Arvo Pärt fue el único detalle que mostraba que a parte de un concierto extraordinario también se trataba de un homenaje. A pesar de que Pärt es una persona introvertida que no gusta de tomar protagonismo, se echó en falta algo más de calidez en el acto, algún detalle que lo alejara del frio ritual que caracteriza los conciertos de música clásica. Puestos a pedir, una breve presentación de su trayectoria y de las obras interpretadas hubiera sido perfecto.

 por Elio Ronco Bonvehí

3 de marzo de 2015

Blooming Duo en la Casa Elizalde



¡Cuántas formaciones quedan aún por explorar! Eso demostraron ayer el Blooming duo en su actuación en la Casa Elizalde de Barcelona. Esther Pinyol (arpa) y Ferran Carceller (marimba) (re)dignifican los grupos de cámara no habituales.

Empezaron con la primera pieza escrita para este conjunto, las Tänzerische Impressionen Op. 119 de Jan Koetsier, escritas en 1990, de cuatro movimientos. Tenían un carácter naïve. Koetsier todavía estaba anclado a las sonoridades de la melodía acompañada por el piano cuando pensaba en esta pieza, donde el arpa y la mrimba se intercambian el rol de acompañante y acompañado. Es decir, aún no había un verdadero impulso por buscar las peculiaridades sonoras de cada instrumento. En cuanto a la interpretación, nos dejaron unos planos pianos deliciosos, pero echamos un poco en falta un mayor contraste con las sonoridades forte.

La siguiente pieza, como el resto de las que completan el programa, es un encargo del Blooming Duo. Se trata de Video Games Music for Harp and Marimba (2014), de Marc Timon. Esta pieza recrea la música de Super Mario , Sonic, Donkey Kong y otros clásicos de los videojuegos. Al estar compuesta para estos insturmentos, al estar hecha ad hoc, pudimos ver una primera exploración de la riqueza sonora de su unión, que seguiría en crescendo a lo largo del concierto. De la obra, destacaríamos el primer y el cuarto movimiento, a saber "Super Mario Bros vs Sonic Reloaded" y "Angry Birds hate Candy Crush Saga". La combinación y diálogo entre melodías y personajes en las dos voces nos pareció realmente estimulante y la interpretación fue estupenda. No nos convenció tanto el segundo movimiento "Donkey Kong plays Tetris in the Caribbean". Pierde la tensión que deja abierta la primera pieza y se desinfla muy rápido. El bellísimo (por melodía y por interpretación, con todo el peso sobre Pinyol) "When Lemmings didn't want to die..." (un homenaje que ya tardaba en llegar al momento trágico de los pobres Lemmings descendiendo sin remedio al abismo) no se merecía un final tan abrupto como el que le da Timón, por más que podamos interpretarlo como el símbolo de la caída de los Lemmings.

La Fantasía sobre temes populars catalans (2014), de Albert Guinovart, nos dejó un tanto fríos. Su construcción es repetitiva. Se basa siempre en los mismos elementos melódicos y de tempo, combinando rubatos y a tempos que resultaban al final un tanto forzados. No tanto por la interpretación de Blooming Duo, que antuvo el nivel de todo el concierto, sino por la propia petición de la partitura. Poco convincente. Algo similar nos pasó con El Peixet de Bloomington (2012), de Feliu Gasull, aunque mucho menos acusado. Gasull comienza con una fantasía melódica apabullante, muy interesante, pero se alarga demasiado. La comienza a desintegrar desde muy pronto y se alarga de manera un tanto artificial. No obstante, tuvo momentos brillantes y a nivel técnico fue excelente, tanto por la partitura como por la interpretación, especialmente en los pequeños fragmentos de semiostinatos de la marimba. Igualmente, encontramos un acierto la combinación arpa con percusión de agua. Atmosféricamente funciona muy bien. En un segundo se cambia d escena, el arpa se reinstala en otro lugar. Es una ganancia, desde luego.

La tercera pieza, Milonga en Scherzo (2014), de Andreés Serafini, así como la quinta, A través de la piedra (2013) de Joan Sanmartí, fueron las dos más interesantes y más respetuosas con las posibilidades de ambos instrumentos por separado y juntos. En la primera, a través del desarrollo y diálogo entre pequeños temas, se alcanzaba un edificio sólido y riquísimo. La pieza de Sanmartí, por su parte, jugaba con la creación de atmósferas sonoras. Lo mejor: las escalas descendentes en hiper pianísimo. ese fragmento demustra la delicadeza y el gusto que gastan Blooming Duo.

No se pierdan Blooming Duo: tienen mucho que mostrarnos.

Marina Hervás Muñoz